Cada instante que mueres


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Que por ser de brisa y otoño
no te atraviesen balas injustas,
que tu piel de seda tiemble
en sueños inseguros, prohibidos.

Son raudos los dientes afilados
dispuestos para devorar mi fragilidad.
Miro una pared y no imagino,
terrible se posa la nieve en cuerpos desalmados.

Un cuerpo sesgado tiñe nubes,
apuñalados los muertos y sus cadáveres,
tropiezan con sus brazos inertes,
silenciados sus cerebros en este sueño gris,
se van enroscando como anillos
los pálidos gusanos que limpian sus huesos.
En sus manos pútridas se mezclan
débiles aromas de azahar y violetas,
brotan melodías cual nacientes ríos
que en vigoroso caudal de viento confluyen,
desbordan los sentidos y engullen
fragmentados, aquellos muertos recurrentes.

Petrificadas bocas babeantes
e insensibles, anhelan pecar,
ya no hay Dios, ni Cruz, ni pecado, solo ellos.

La mañana trae de nuevo la luz,
pero mis ojos atrapados
en oscuros senderos, niegan
distinguir los tenues rayos,
torbellinos dispares, enajenados
como balas injustas atraviesan mi ventana.

. by manuel haro jurado is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Spain License.

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